Cómo guardar un colchón durante meses sin que se estropee
4 de agosto de 2022
4 de agosto de 2022
Un colchón es de las cosas más caras que hay en una casa y, sin embargo, es de las que peor tratamos cuando toca guardarlas. Lo doblamos para que quepa en el maletero, lo apoyamos contra una pared húmeda, lo tapamos con un plástico de obra y nos olvidamos de él hasta que la reforma termina. Cuando volvemos a sacarlo, huele raro, tiene una mancha oscura en una esquina y ha perdido la forma.
Se puede evitar. En este artículo te contamos qué hay que hacer con un colchón cuando va a estar guardado semanas o meses, y por qué el sitio donde lo dejes importa más que la funda que le pongas.
La humedad es el enemigo. Un colchón que pasa meses en una lonja sin ventilación o en un trastero con condensación acaba con manchas de moho, y esas manchas no se van.
No es solo nuestra opinión. La Asociación Española de la Cama advierte de que la falta de circulación de aire y el exceso de humedad provocan manchas de moho que las garantías de los fabricantes no cubren. Es decir: si el colchón se estropea por estar mal guardado, la reclamación no va a ninguna parte.
Busca un espacio seco, a temperatura estable y donde corra el aire. Si es la primera vez que te planteas esta opción, conviene entender antes qué es un guardamuebles y cómo funciona el proceso completo, porque no todos los servicios almacenan igual.
Lo ideal es dejarlo tumbado sobre una base plana, para que el peso se reparta y el colchón no se deforme con el paso de los meses. Con un 135 o un 150 esto no siempre es posible, y entonces toca dejarlo de pie, apoyado en toda su longitud y con algo aislante entre el suelo y el tejido: una plancha de espuma de polietileno, un palé limpio, cartón grueso. Nunca directamente sobre el hormigón.
Y una regla que se salta más gente de la que parece: no dobles el colchón. Ni para que quepa en el coche, ni para meterlo por una escalera estrecha, ni «solo un rato». Los fabricantes son tajantes en esto porque doblar un colchón, incluso durante un tiempo corto, daña el núcleo de forma irreversible. Si no cabe por donde tiene que pasar, el problema es la ruta, no el colchón.
Los ácaros llegan al colchón a través del polvo, así que taparlo es obligatorio. Lo que no es obligatorio, y de hecho es contraproducente, es taparlo con plástico hermético.
Un plástico de obra o una bolsa cerrada atrapan la humedad que el propio colchón desprende y crean exactamente el ambiente que estábamos intentando evitar. Lo que necesitas es una funda transpirable, de algodón o de tejido técnico, que deje pasar el aire y frene el polvo. Es el mismo criterio que aplicamos con el resto de textiles: puedes verlo desarrollado en nuestras reglas para almacenar textiles en un guardamuebles.
Antes de meterlo en ningún sitio, pasa la aspiradora por las dos caras, insistiendo en costuras y pliegues, que es donde se acumula todo. Nada de bicarbonato ni de productos químicos: los fabricantes desaconsejan su uso porque penetran en las capas interiores y las deterioran. Aspirar y ventilar es suficiente. Y revisa siempre la etiqueta, que ahí están las instrucciones específicas de tu modelo.
Cuando lo recuperes, dale un par de días de ventilación antes de dormir sobre él. Si queda algún olor residual, casi siempre es cuestión de aire y de tiempo.

En Mudanzas Carlos Rodriguez llevamos 46 años guardando cosas de otras personas, y hay una conclusión que se repite: el 90% de los daños en un almacenaje largo no vienen de un golpe, vienen del entorno. Humedad, polvo, cambios de temperatura y manipulaciones de más.
De ahí que nuestro sistema de contenedores funcione especialmente bien con colchones. Es la misma lógica que aplicamos en cualquier mudanza con guardamuebles en Bilbao: cuantas menos veces se toca una cosa, menos riesgo hay de romperla. ¿Y quieres saber por qué? Toma nota:
Si estás calculando cuánto espacio vas a necesitar entre el colchón, el somier y el resto de la casa, la calculadora de espacio te da una estimación en un par de minutos.
Todo lo anterior sirve de poco si el colchón sufre en el trayecto. Necesita ir plano, protegido y con el material adecuado: una funda de colchón, mantas y una base de cartón forman parte de los materiales de embalaje para mudanzas que evitan que llegue sucio o arrugado al almacén.
El transporte tiene sus propias reglas, y las hemos contado en detalle en cómo proteger un colchón en una mudanza. Aquí basta con quedarse con la idea: un colchón bien guardado que ha viajado mal es un colchón estropeado igual.
Sí, siempre que se apoye sobre uno de sus lados largos, en toda su longitud y con un material aislante entre el suelo y el tejido. Lo ideal es tumbarlo sobre una base plana, pero en vertical se conserva bien si no queda apoyado sobre una esquina ni se comba contra la pared.
No hay un límite fijo. En condiciones adecuadas de humedad, ventilación y posición, un colchón puede pasar años almacenado sin perder prestaciones. Lo que marca la diferencia no es el tiempo, sino las condiciones: seis meses en un sótano húmedo hacen más daño que tres años en un contenedor ventilado.
Guardándolo seco, cubriéndolo con una funda transpirable en lugar de plástico hermético, dejándolo separado del suelo y eligiendo un almacén con control de temperatura y humedad. En nuestros contenedores, las rejillas de ventilación permiten que el aire circule durante toda la custodia.
Con una funda de tejido transpirable, de algodón o técnico. El plástico de obra y las bolsas selladas condensan la humedad que desprende el propio colchón y favorecen la aparición de moho.
Guardar un colchón bien no tiene mucho misterio: sitio seco, aire, posición correcta y no doblarlo. Lo complicado es tener ese sitio.
Si estás de reforma, entre dos casas o simplemente sin espacio, en Mudanzas Carlos Rodriguez tenemos más de 2.500 m² de instalaciones propias en Bizkaia y equipo humano propio, sin subcontrataciones. Pide presupuesto o llámanos al 944 958 852 y te decimos qué necesitas y qué no.
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