Guardamuebles durante una reforma: dónde dejar los muebles mientras te reforman la casa
1 de febrero de 2026
1 de febrero de 2026
Ya tienes los presupuestos de la obra encima de la mesa. Te has hecho a la idea del polvo, del ruido, de las semanas durmiendo en casa de tu madre. Y una tarde cualquiera miras el salón y caes en la cuenta: el sofá. El armario del pasillo. La mesa de la abuela, que pesa lo que pesa. Las cajas del trastero que llevan ahí desde la última mudanza y que no piensas abrir.
Todo eso tiene que salir. ¿Y adónde?
Nos lo preguntáis cada semana, así que vamos a contestarlo despacio: cómo funciona un guardamuebles cuando estás en obra, cuánto cuesta de verdad, cuánto tiempo lo vas a necesitar (spoiler: más del que crees) y por qué no todos los sistemas cuidan tus cosas igual.
Un guardamuebles profesional no es solo un almacén. Es un servicio pensado para que tú no tengas que preocuparte por nada: ni por cargar muebles, ni por embalarlos, ni por pensar si estarán bien protegidos o vigilados.
No eres la única, ni de lejos. Según el Informe Radar Reforma que elaboran ANDIMAC, Ascer y GfK-IQ, en España se hicieron 1,9 millones de reformas de vivienda durante 2025. Tres de cada diez hogares tocaron algo de su casa. Vamos, que medio país anda con obras.
Y casi todas empiezan igual: apilando los muebles en una habitación, tapándolos con plásticos y cerrando la puerta con la esperanza de que aquello aguante. Aguanta, si la reforma es un baño y punto. En cuanto la cosa se pone seria, el plan se viene abajo.

El polvo del yeso es lo primero. No se queda quieto en el suelo, se cuela por todas partes y, además, es abrasivo: raya la madera y se incrusta en la tapicería para no salir nunca. Luego están los golpes, porque si se pican paredes o se levanta el suelo, todo el piso vibra. Y los operarios necesitan espacio, así que tu sofá va a cambiar de sitio tres o cuatro veces sin que tú lo veas. Si además se toca la fontanería, aparece humedad donde nunca la hubo.
Hay una razón menos evidente y bastante más práctica: una obra con la casa vacía va más rápido. Menos obstáculos que esquivar, menos plásticos que colocar, menos horas de mano de obra. La reforma termina antes. Y muchas veces sale más barata.
Por eso, cuando la obra pasa de un baño y va para más de tres o cuatro semanas, sacar los muebles deja de ser un gasto. Es la forma más simple de proteger lo que ya tienes.
Un guardamuebles en Bilbao profesional no te alquila metros cuadrados. Va a tu casa, se lleva tus cosas y te las devuelve. Si vienes de cero y quieres entender primero qué es un guardamuebles y cómo funciona, ahí lo tienes explicado con calma. Aquí vamos directas a lo que cambia cuando el motivo es una obra.
Llega el equipo y desmonta lo que haya que desmontar. Los tornillos de cada mueble se etiquetan con el mueble al que pertenecen, que es exactamente lo que una nunca hace cuando lo intenta por su cuenta un domingo por la tarde. Los colchones se enfundan. Los espejos y los cristales llevan protección rígida. Los electrodomésticos, su embalaje propio.
Por cierto, si quieres comprobar que la empresa que vas a contratar está donde debe estar, consulta el Registro de Empresas y Actividades de Transporte (REAT) en la web del Ministerio de Transportes. Dos minutos. Y te dice bastante.
Aquí está la diferencia que casi nadie te cuenta. El contenedor de madera llega a tu portal, se carga allí mismo y se sella allí mismo, delante de ti. Tus muebles entran una vez y no vuelven a salir hasta que termina la obra.

El contenedor viaja cerrado hasta la nave y se guarda como una unidad estanca, con su etiqueta y su registro. No se abre. No se recoloca por dentro. Nadie entra a curiosear, entre otras cosas porque no hay nada que curiosear: es una caja sellada entre otras cajas selladas.
El contenedor vuelve a tu portal, se abre delante de ti y el equipo monta los muebles donde tú digas. Si el suelo es nuevo, se protege antes de meter nada, faltaría más. Y el material de embalaje se lo lleva el equipo, que eso también cuenta cuando llevas tres meses viviendo entre cartones.
No todos los guardamuebles funcionan igual, aunque en los anuncios todos parezcan lo mismo. Merece la pena saber la diferencia antes de contratar nada.
En un almacenaje a granel, tus muebles se cargan en un camión, se descargan en una nave, se colocan en una zona común y, cuando los reclamas, se vuelven a cargar. Cuatro manipulaciones como poco. Y un espacio compartido con las cosas de gente que no conoces.
Con el contenedor individual sellado en tu casa, la mercancía se toca una vez a la ida y otra a la vuelta. Y ahí está todo el asunto: los daños en una mudanza ocurren cuando se mueven las cosas, no mientras están quietas. Reduce las manipulaciones a la mitad y reduces el riesgo en la misma proporción. No hay más ciencia.
Lo contamos con detalle, incluido por qué usamos madera y no metal, en cómo funciona una mudanza con guardamuebles en Bilbao. Aquí nos quedamos con lo que importa cuando estás en obra.
Y un aviso, que últimamente se ve mucho: eso de que te dejen un remolque aparcado en la puerta para que lo llenes tú no es un guardamuebles. Es un remolque aparcado en la puerta.
Cada contenedor es una unidad independiente asignada a una clienta. A cada una se le asigna el número que necesite en función del volumen de la mudanza. Se registra, se etiqueta y queda constancia de quién lo mueve y cuándo. Si un martes por la noche te entra la duda de dónde está exactamente lo tuyo, hay una respuesta.
Se cargan, se sellan y se guardan. Así de simple. Y cuanto menos se manipula, menos riesgo hay. ¡Ah, y eso de que te dejen un remolque a la puerta de tu casa y tú lo llenes con tus pertenencias ni es un guardamuebles ni es nada!

Tu contenedor no comparte espacio con la mudanza de nadie. No hay cajas húmedas al lado. Ni un tresillo viejo soltando polvo encima de tu colchón. Ni olores que se van transfiriendo durante meses hasta que abres y no sabes de dónde ha salido eso. Cuando lo abres, huele a lo que olía cuando lo cerraste.
Esa es también la diferencia de fondo con un trastero. Por un centro de trasteros entra y sale gente todo el día. En una nave de guardamuebles, el acceso está restringido y controlado.
FEDEM, la Federación Española de Empresas de Mudanzas, es la única organización nacional del sector: agrupa a cerca de 250 empresas de mudanzas y guardamuebles a través de doce asociaciones autonómicas. Su recomendación es simple y funciona como filtro. Exige presupuesto por escrito, contrato firmado y factura final. Y desconfía de los acuerdos verbales y de esos seguros a todo riesgo que nadie te enseña en papel.
Nosotros añadiríamos una comprobación que no cuesta nada: pide visitar la nave donde van a estar tus muebles. Una empresa que custodia bien lo que le confían no tiene ningún problema en enseñarte dónde. Si te dan largas, ya sabes.
En 2026, la horquilla habitual va de 50 a 98 euros al mes según el volumen. Para que te sitúes: un piso pequeño de un dormitorio suele moverse entre 7 y 12 metros cúbicos, y una vivienda de tres dormitorios entera se te va a los 25 o 30 euros.
El precio final depende de tres cosas. Los metros cúbicos que ocupas, los meses que lo necesitas y los servicios extra que contrates: desmontaje, embalaje, elevador si vives en un cuarto sin ascensor. La tabla completa y los tramos desglosados están en cuánto cuesta un guardamuebles.
Ojo con una cosa. Al alquilar un guardamuebles, no pagas metros cuadrados, como en un trastero, sino los metros cúbicos que ocupan tus cosas de verdad. Suena a matiz y no lo es: en un trastero pagas el aire que sobra.
Y mira con lupa qué incluye cada presupuesto. Un precio por metro cúbico muy bajo, al que luego se le van sumando el transporte, la carga, la descarga y el seguro, acaba costándote más que una tarifa cerrada. Pregunta siempre por el total puerta a puerta. Y que te lo pongan por escrito.
La mayoría de nuestras clientas en obra contratan entre dos y cuatro meses. Y casi todas acaban ampliando, porque las reformas se alargan. Siempre.
No es mala suerte tuya, que conste. El propio informe de ANDIMAC señala el temor a que las obras se prolonguen en exceso como una de las barreras que más frenan a los hogares españoles a la hora de reformar. Se retrasan tanto que el miedo a que se retrasen ya es un motivo para no empezar.
Por eso conviene contratar con una empresa que facture mes a mes y no te ate a un año. Si la obra termina antes, dejas de pagar. Si se retrasa, amplías y ya está. Sin dramas ni penalizaciones.

Aquí es donde una reforma se complica de verdad, y es lo que casi nadie te avisa. Si la obra es integral, no vas a poder vivir ahí. Y entonces no tienes una mudanza. Tienes dos, con una temporada de por medio.
Salir. Vivir en otro sitio unos meses. Volver.
Esta decisión, que parece de andar por casa, es la que más te va a mover el presupuesto del guardamuebles.
Si alquilas amueblado, al guardamuebles va prácticamente todo y solo te llevas ropa, papeles y lo del día a día. Pagas más volumen de custodia, pero la doble mudanza es ligera y rápida.
Por el contrario, si alquilas sin amueblar, tienes que sacar del contenedor lo mínimo para vivir: una cama, un sofá, la mesa, cuatro cosas de cocina. El contenedor sale más barato, pero acabas haciendo dos mudanzas completas en lugar de una. Y ojo, porque muchas empresas te cobran cada una por separado.
Nuestro consejo, después de bastantes años viendo las dos: si la obra dura menos de seis meses, sale más a cuenta el amueblado. Más allá, empieza a compensar lo otro.
Somos muy de acumular. Una reforma es la única ocasión en la vida en la que vas a tocar, una por una, todas las cosas que tienes en casa.
Úsala. Todo lo que metas en el contenedor lo vas a pagar por metro cúbico cada mes que dure la obra, así que ese sillón que no te gusta desde 2014 te va a salir caro por el privilegio de seguir sin gustarte. Y cuando la casa vuelva a estar lista, va a tener otra distribución. Muchas cosas ya no van a encajar.
La obra se retrasa, ya lo hemos dicho. Pero el contrato del piso de alquiler no se retrasa contigo.
Antes de cerrar la reforma, pon en la misma hoja las tres fechas: cuándo sales, cuándo te comprometes a entregar el alquiler y cuándo el contratista dice que termina. Añádele un mes de colchón a la última. Y contrata el guardamuebles con una empresa que te deje ampliar mes a mes.
¿Cuánto tiempo puedo tener los muebles guardados durante una reforma?
El tiempo que necesites, sin permanencia mínima anual. Lo habitual en obras es contratar de dos a cuatro meses y ampliar mes a mes si la reforma se alarga, algo que ocurre con bastante frecuencia. Solo pagas los meses que usas.
¿Cuánto cuesta guardar los muebles de un piso mientras lo reformo?
En Bilbao, la horquilla habitual en 2026 va de 50 a 98 euros al mes según el volumen, para mudanzas de entre 7 y 30 metros cúbicos. El precio final depende de los metros cúbicos, de los meses de custodia y de los servicios extra que contrates, como desmontaje, embalaje o elevador.
¿Quién desmonta y embala los muebles antes de llevarlos al guardamuebles?
Lo hace el equipo de la empresa de mudanzas en tu domicilio. Desmontan, etiquetan los tornillos de cada pieza, embalan con material profesional y cargan el contenedor. Al terminar la reforma, vuelven a montarlo todo donde tú indiques.
¿Puedo sacar algún mueble concreto si lo necesito a mitad de la reforma?
Solo si nos lo dices antes de cargar. El contenedor se llena siguiendo un orden, así que si sabes que vas a necesitar la bici, dos cajas de libros o la mesa plegable, lo colocamos a mano y lo recuperas sin desmontar media carga. Hablamos de piezas concretas, no de vaciar el contenedor: una vez sellado, todo lo que hay dentro se queda donde está hasta que termine la obra.
¿Qué diferencia hay entre un guardamuebles y un trastero para una reforma?
En un trastero alquilas metros y te encargas tú del transporte, la carga y la descarga, en un recinto por el que entra y sale gente a diario. En un guardamuebles profesional, el servicio es integral; el contenedor se sella en tu casa y se custodia en una nave con acceso restringido y vigilancia.
Si me voy a un piso de alquiler durante la obra, ¿qué me llevo y qué va al guardamuebles?
Depende de si el piso está amueblado. Si lo está, al guardamuebles va prácticamente todo y solo te llevas ropa, documentación y lo del día a día. Si no lo está, tendrás que separar lo imprescindible para vivir (cama, sofá, mesa, cocina básica) y guardar el resto, lo que abarata la custodia, pero te obliga a hacer dos mudanzas completas. Para obras de menos de seis meses, el alquiler amueblado suele salir más a cuenta.
Una reforma ya trae bastante ruido de por sí. Los plazos que bailan, el presupuesto que se estira, las decisiones que no se acaban nunca. Sacar los muebles de la ecuación y saber que están sellados, registrados y a salvo es de las pocas partes del proceso que puedes cerrar del todo y olvidarte.
Llevamos 46 años haciendo esto en Bilbao y Bizkaia, con más de 2.500 m² de nave propia y un 9,6 sobre 10 de valoración media en más de 500 reseñas verificadas. Si estás en obra, o vas a estarlo, cuéntanos qué tienes y te decimos qué necesitas.
Pide tu presupuesto sin compromiso o llámanos al 944 958 852.
Mudanzas Carlos Rodriguez, “tu mudanza en buenas manos“